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El cuadro de mando integral como herramienta para la gestión de restaurantes

Tras los avatares de la década del 80, el ambiente en el que se desempeñaban las distintas empresas tuvo un cambio profundo y radical. De un entorno simple, estático, cierto, homogéneo y favorable pasaron a gestionar en un entorno complejo, con alta dinamicidad, inseguridad, muy heterogéneo y hostil. El sector de la restauración no se exceptuó de estas afectaciones. El seguimiento y adaptación a los cambios del mercado, se hizo condición indispensable para aquellos negocios que realmente tuvieran como meta la consecución del éxito. Las transformaciones cada vez más drásticas y precipitadas le impusieron, la condición de asumir las tendencias rebuscadas de un cliente cada vez más exigente y con un mayor número de ofertas por las que elegir.

Los elementos calidad y eficiencia comenzaron a imponerse en el entorno comercial ya que el cliente tenía un mayor número de opciones por las que elegir. Con el desarrollo de los productos en base a la calidad y el empeoramiento de las condiciones de competencia surge un nuevo concepto pues ya no bastaba con satisfacer las necesidades del mercado con calidad. Se hizo necesario el sorprender al cliente con una gestión de excelencia que abarcara todas las esferas de la empresa. 
 
Hoy día las organizaciones han comprendido que para asegurar la calidad de sus productos y servicios deben dejar a un lado aquellas prácticas que solo se concentran en el aspecto financiero para adaptar sus sistemas de control de gestión a teorías que consideren en sus análisis los recursos intangibles como una variable importante para la rentabilidad de la empresa. En este contexto diversos son los aportes que se han desarrollado como parte de la nueva y moderna escuela de la Administración, y aunque el Cuadro de Mando Integral (CMI) como un instrumento que combina en su estructura a los activos tangibles como los intangibles ya ha dejado de ser un adolescente para convertirse en un Adulto, hoy viene a constituir una arteria importante para conseguir los resultados deseados.
 
En el artículo que se presenta expondré aquellas cuestiones relacionadas con el diseño del Cuadro de Mando Integral, transitando por la redefinición de la planificación estratégica, la elaboración de los objetivos estratégicos e indicadores para cada perspectiva, hasta la confección de los mecanismos de control que permitirán verificar el cumplimiento de los objetivos. Todo lo anterior será posible si se acompaña de un sistema de información y una base de datos que ayude a la medición y verificación de los indicadores de gestión diariamente y en forma permanente, de manera tal que se pueda visualizar el progreso de la empresa, así como se obtenga información relevante y de calidad que facilite la mejor toma de decisiones y el uso eficiente de los recursos disponibles.
 
Cuadro de mando integral
El Cuadro de Mando Integral (CMI) tiene su antecedente en la idea de utilizar un conjunto de indicadores para obtener información de gestión. Su precedente más cercano es una herramienta llamada Tableau de Bord, o Tablero de Control, surgida durante los años sesenta en Francia, que incluía en un documento diversos ratios para el control financiero de la empresa. Con el transcurso del tiempo, esta herramienta evolucionó hacia la combinación de los indicadores financieros con otros no financieros que permitían controlar los diferentes procesos del negocio.
 
La primera formulación de un concepto de CMI aparece, a inicios de los años noventa, como resultado de los estudios realizados por dos consultores norteamericanos de gran prestigio: Robert S. Kaplan y David P. Norton; quienes advirtieron la limitante que resultaba de utilizar esencialmente los indicadores de la contabilidad financiera tradicional  para medir la actuación de la empresa, ya que sólo explicaban lo que había pasado y, por tanto, sólo permitían una gestión reactiva en lugar de una proactiva. Al vincular a los indicadores financieros tradicionales, los de carácter no financiero, lograron una valoración sobre los recursos intangibles que son de gran importancia dentro de la empresa, como el know-how, la cultura organizacional y las tecnologías de la información.
 
El próximo paso de avance se produce con la misma maduración de la herramienta. Al implementar el CMI varios directivos generalizaron el deseo de no verlo solo como un modelo de medición, sino como un instrumento que comunicara la estrategia a todos los niveles de sus organizaciones, y alineara a sus empresas con las nuevas estrategias concebidas. Se resalta la necesidad de vincular en el CMI no todos los indicadores que llevaban las instituciones, más bien solo aquellos que se relacionaban con los procesos estratégicos, aquellos que contribuían al logro de la estrategia.
 
Otro aporte fue el resultado de investigaciones de la Reanissance Solutions Inc. (RSI) que demostró la posibilidad y efectividad de que un compendio de indicadores entre las cuatro perspectivas, podían comunicarse a partir de los objetivos a los que respondían y ayudar a poner en práctica una sola estrategia. Esto permitió vislumbrar las relaciones causa-efecto que se desarrollaban entre los indicadores del Cuadro de Mando.  Se vio, entonces, como las relaciones de causa-efecto que se establecían entre los objetivos para las diferentes perspectivas describían la trayectoria estratégica; la manera en que las inversiones realizadas en la recalificación de los empleados, en tecnología de la información y en productos y servicios, ayudarían a mejorar sorprendentemente la actuación financiera.
 
¿Cómo funciona un CMI?
 
Primeramente se parte de la visión, o sea, la dirección de una empresa desea alcanzar un estado ideal, lo que constituye su visión de futuro. En consecuencia se diseña la estrategia, la cual constituye el vehículo para alcanzar ese estado deseado. En el caso de una empresa que tenga como fin el lucro, la mayor aspiración que puede perseguir es el cumplimiento de una meta financiera ideal. Para lograrlo se necesita un excelente desempeño con los clientes, lo cual está sustentado por una gestión coherente de los procesos internos. Debido a que este no es el estado actual de la empresa, sino uno deseado, se hace necesaria la utilización de la perspectiva de formación y crecimiento.
 
Es en la perspectiva de formación y crecimiento donde se propicia el salto para cubrir las diferencias entre el estado actual y el que se desea para la organización. Primero, se identifica la brecha existente entre el estado actual y el deseado. Luego se planea un aprendizaje, ya sea en cuanto a la capacitación del capital humano de la empresa, sus métodos de gestión y/o las nuevas tecnologías, incidiendo sobre los elementos específicos que permitirán cubrir la brecha anteriormente identificada. Se logra el desempeño ideal en las demás perspectivas a través de las relaciones causa-efecto que se establecen entre ellas. El resultado final será la consecución de la meta financiera que se persigue con la estrategia.
 
Lo anterior destaca la importancia que tiene para el funcionamiento correcto de un CMI la formulación de una adecuada visión por parte de la organización, así como sus capacidades para el aprendizaje en la consecución de la misma.
 
Relación entre CMI y Calidad
 
La relación comienza en la perspectiva CLIENTES cuando se hace la pregunta ¿Qué quiere el cliente? Y la respuesta es CALIDAD. Luego en la perspectiva de PROCESOS INTERNOS si el cliente está exigiendo calidad, hay que gestionar los procesos con calidad. Por tanto es necesario primero aprender qué es calidad, qué herramientas pueden ser utilizadas en la gestión; y segundo la difusión de una cultura enfocada hacia la calidad; esto tiene lugar en la perspectiva de APRENDIZAJE Y CRECIMIENTO.
 
Otro elemento en esta analogía se encuentra en la necesidad de medir la calidad para poder controlarla y mejorarla. Los sistemas de medición están formados en última instancia por indicadores. La esencia del CMI es precisamente la traducción de la visión y la estrategia en un conjunto de objetivos por perspectivas con un sistema coherente de indicadores, que unidos por las relaciones de causa-efecto llevan a la gestión integral de la organización.
 
También se evidencia la complementariedad si analizamos los principios que establece la Organización Internacional de Normalización (ISO por sus siglas en inglés) para el establecimiento de un Sistema de Gestión de la Calidad, y que constituyen las bases de los requisitos para lograr la Gestión de Excelencia. Entre estos criterios se encuentra el enfoque de sistema para la gestión.
 
Este enfoque plantea la necesidad de “identificar, entender y gestionar los procesos interrelacionados como un sistema”. La organización debe ser vista de forma integral, como un conjunto de procesos interrelacionados en el que las salidas de unos constituyen las entradas del siguiente. Así se logra la eficacia y eficiencia de una organización en el logro de sus objetivos, e implicamos a todos en la gestión de la calidad.
 
De esta forma el control y gestión de la actividad de la empresa vista como sistema y su seguimiento, se convierte en el control y gestión de la calidad propiamente dicho; es aquí donde juega un papel esencial el CMI al propiciar el desarrollo integral de la gestión de la empresa en función de la estrategia y la visión.
 
Inconvenientes y/o dificultades que imposibilitan el diseño e implementación del CMI correctamente:
  • Si la estrategia de la empresa no está definida correctamente o es desconocida por los trabajadores el proceso de implementación se dificultará y, en mi opinión, se generaran resultados alejados de la realidad, lo que conducirá a una interpretación incorrecta y las decisiones que se tomen no estarán orientadas hacia un propósito real. En tanto no se solucione este problema la empresa no responderá eficientemente.
  • Como consecuencia de lo anterior, si los objetivos de la organización, y su estrategia, son del desconocimiento de los trabajadores, estos dejan de ser comunes para la empresa y por tanto se producirán prioridades y trades offs entre los distintos departamentos, quienes buscarán dar cumplimientos a sus objetivos particulares, dejando a un lado los objetivos generales.
  • La incorrecta selección de los indicadores de gestión,  así como el desequilibrio de estos entre las distintas perspectivas no permitirán obtener una fotografía exacta de la situación de la organización en cada momento y por consiguiente se desviarán del camino correcto a seguir
Si lo anterior no se toma en consideración, además de que el CMI no está diseñado para comunicar la estrategia a los niveles inferiores, sólo para los mandos altos e intermedios; que su proceso de implementación demanda de mucho tiempo y es compleja la estimación de las relaciones causa - efecto, los esfuerzos por conseguir mejores resultados financieros, mejor posicionamiento en el mercado y, por supuesto, el reconocimiento a través de la satisfacción del cliente y la repitencia, serán en vano. 
 
Elementos del Cuadro de Mando Integral
 
Aunque no me detendré a conceptualizar cada uno de los elementos, dado a que en esta propia revista el tema ha sido abordado en diversas ocasiones si se los relaciono por el grado de importancia que ellos representan para el resultado final, que es el diseño e implementación del CMI en el Restaurante.
- Misión, visión y valores
- Mapa Estratégico
- Las perspectivas
- Objetivos Estratégicos
- Propuesta de Valor al Cliente
- Indicadores y sus Metas
- Responsables y Recursos 
El proceso de diseño e implantación del Cuadro de Mando Integral debe partir de la definición por parte de la alta dirección de cómo competir, para luego diseñar un modelo de negocio basado en las relaciones causa - efecto.  En cuanto a los indicadores se deben tomar en consideración criterios demostrados de que para cada perspectivas el numero de estos no debe superar a los siete, que deben ser cuantificables y objetivos, así como que su diseño responda al modelo de negocio.
 
Aspectos claves en la implantación de un CMI
 
- Un modelo simple: el objetivo principal del modelo no es el de añadir burocracia o complicaciones, sino, al contrario, el de simplificar la gestión al centrarse en aquello que es importante. La palabra clave es priorización. Se trata de ordenar la información, los proyectos y los recursos de forma eficiente para la organización.
 
- Lenguaje común: el nombre que se dé al modelo, a las perspectivas y a los diferentes elementos que lo componen, es lo de menos. Lo importante es que las personas que han de utilizarlo lo consensuen, es decir, que haya un lenguaje común en la organización.
 
- Entender el modelo: no hay dos empresas iguales, y tampoco dos implantaciones idénticas. Las empresas han adaptado el modelo a sus propias necesidades o preferencias. En principio, todos los elementos del modelo cumplen un papel y es importante entender su razón de ser.
 
- Liderazgo: la implantación debe ser liderada al máximo nivel en la organización. Al ser éste un proyecto integrador y que requiere tiempo y esfuerzo, es importante transmitir su relevancia para la organización. Ese apoyo debe ser continuado y no sólo al inicio del proyecto.
 
- Comunicación: para que el modelo sea aceptado y utilizado, debe ser entendido e interiorizado por parte de las personas que trabajan en la organización. Por ello es necesario un buen proceso de comunicación. La comunicación tanto vertical como transversal en toda la organización es, por otra parte, uno de los grandes beneficios que proporciona la implantación.
 
- Participación: también ayuda en la interiorización del modelo la participación de determinadas personas que pueden aportar valor, que, además, enriquecen el diseño de los diferentes elementos que lo componen. No se trata de que todo el mundo participe en todas las fases del diseño del modelo, pero sí de que distintas personas aporten su granito de arena en algún momento.

- Equipo de proyecto: es vital asignar un equipo de trabajo o facilitadores que gestione la implantación. Su cometido es facilitar conocimiento, guiar en el proceso de diseño e implantación, proporcionar metodología y efectuar el seguimiento del proyecto.”
 
Elementos a considerar por el Restaurante en cada una de las perspectivas.
 
Las perspectivas son aquellas dimensiones críticas clave en la organización. Por lo general un CMI se caracteriza por las cuatro perspectivas: financiera, de clientes, interna y de aprendizaje y crecimiento. Estas perspectivas son las más comunes, porque son aplicables en un gran número de empresas para organizar el modelo de negocio y estructurar los indicadores y la información. Pero no constituyen una condición necesaria para tener un CMI.
 
La perspectiva financiera incorpora la visión de los accionistas y mide la creación de valor de la empresa. Responde a la pregunta ¿qué debemos hacer para satisfacer las expectativas de nuestros accionistas?
 
La perspectiva del cliente refleja el posicionamiento de la empresa en el mercado o, más concretamente, en los segmentos de mercado donde quiere competir. Responde a la pregunta ¿qué debemos hacer para satisfacer las necesidades de nuestros clientes?
 
La perspectiva interna recoge indicadores de procesos internos que son críticos para el posicionamiento en el mercado y para llevar la estrategia a buen puerto. Responde a la pregunta ¿en qué procesos debemos ser excelentes para satisfacer las necesidades de nuestros clientes?
 
La perspectiva de aprendizaje y crecimiento describe los recursos materiales y las personas que son la clave del éxito para cualquier estrategia. Responde a la pregunta ¿qué aspectos son críticos para poder mantener la excelencia en los procesos internos?

Perspectiva financiera: 
  • Crecimiento y diversificación de los ingresos:
    • Porcentaje de ingresos procedentes de nuevos servicios y productos, introducidos durante un período especificado.
    • Porcentaje de ingresos procedentes de nuevos clientes.
    • Cantidad de ingresos generados por las relaciones de cooperación existentes entre las múltiples unidades de negocio.
    • Incremento de ingresos por variedad de productos y servicios.
    • Estrategia de precios.
  • Reducción de costes/mejora de la productividad:
    • El aumento de la productividad de los ingresos.
    • La reducción de los costes unitarios.
    • Variedad de mix de canales (formas de realizar pagos, por ejemplo pedidos por Internet y procesamiento del pago por la misma vía).
  • Utilización de los activos/estrategia de inversión:
    • Ciclo de caja.
    • Mejoras en la utilización de los activos.
Perspectiva del cliente
    • Cuota de mercado.
    • Incremento de clientes.
    • Retención de clientes.
    • Satisfacción del clientes.
    • Rentabilidad del clientes.
    • Imagen y prestigio.
    • La relación con los clientes.
    • Los atributos de productos y/o servicios.
La perspectiva del proceso interno:
    • La cadena de valor del proceso interno.
      • Innovación.
      • Operaciones.
      • Servicios de posventas.
La perspectiva de aprendizaje y crecimiento:
    • Las capacidades de los empleados.
      • Satisfacción del empleado.
      • Retención del empleado.
      • Productividad del empleado.
    • Las capacidades de los sistemas de información
Un Cuadro de Mando Integral con éxito es el que comunica una estrategia a través de un conjunto integrado de indicadores financieros y no financieros. El describe la visión de futuro de la organización a todos sus miembros, creando un entendimiento compartido. El CMI crea un modelo holístico de la estrategia de forma tal que cada empleado puede ver cómo contribuye al éxito de la organización.

45 Errores en la Gestión de Restaurantes que te llevarán a la ruina

Publicado por Erisofi el 4 de Septiembre de 2012

Curso Gestión de Restaurantes
Muchos gerentes de restaurantes, están cada vez más preocupados por la situación actual. Las ventas no dejan de bajar, los clientes cada vez son más exigentes y el personal está más desmotivado que nunca..
 
Un panorama complicado, pero cuidado, no todo es culpa de la crisis! Muchas situaciones críticas que vemos día a día, como la falta de rentabilidad, el desorden, los costos por las nubes, etc. Son por la falta de gestión, por la poca implicación de la dirección en la operativa diaria del restaurante, etc. Siempre me pregunto esto cuando veo la pésima atención, los platos sin costear (se nota cuando ves montañas de comida y sabes inmediatamente que ahí no hay un costeo previo) etc: ¿Sabrán realmente los dueños lo que pasa en su restaurante? Y siempre me contesto lo mismo, no lo creo...
 
Pienso, que muchos fallos se puede solucionar, mirando hacia la gestión del restaurante. ¿Si un restaurante es una empresa, por qué no se gestiona como tal? También me canso de preguntar...
Por mi experiencia en la operativa diaria en restaurantes y hoteles y de consultora y profesora de marketing y gestión restaurantes, veo que los errores más letales y comunes en la gestión de restaurantes son:
  1. No ver el restaurante como una empresa
  2. No entender cuáles son los conceptos básicos de gestión de empresas
  3. No tener ningún tipo de experiencia en el sector
  4. Tener un restaurante sólo por pasión, pero sin saber cómo comenzar con la gestión y operativa diaria
  5. No tener ninguna formación en gestión de restaurantes
  6. No tener un organigrama claro en la empresa, pero quién manda aquí?
  7. No tener claras las descripciones de puesto de trabajo, quién hace qué, cómo y cuándo?
  8. No saber qué funciones desempeñan los empleados
  9. No tener un sistema de compras
  10. No entender la importancia de cada paso del proceso de compras
  11. No buscar nuevos proveedores
  12. Elegir un proveedor de menor calidad por precio y no buscar alternativas
  13. No hacer inventarios sorpresa
  14. No hacer ningún tipo de inventarios
  15. No tener metodologías de trabajo para reducir tiempos y mejorar la atención
  16. No seguir ningún tipo de estándares de calidad, servicio, atención, etc.
  17. No entender que la atención es más importante que la propia gastronomía para el cliente
  18. No seguir ningún estándar de atención al cliente
  19. No preguntar al cliente su satisfacción (cómo mejoramos sino sabemos qué les ha parecido)
  20. No seguir ningún plan de formación, específico y especializado en el sector gastronómico
  21. No entender que la formación sólo trae beneficios
  22. No saber que la formación, motiva al personal y le hace implicarse más a la empresa
  23. No entender que formación es igual a nuevos conocimientos que mejoran el funcionamiento de la empresa
  24. No utilizar las nuevas tecnologías para la gestión de restaurantes
  25. No interesarse por las alergias, las intolerancias, por los vegetarianos, por quienes cuidan su salud, etc.
  26. No distinguir los diferentes tipos de costos que se encuentran en el restaurante
  27. No controlar ningún costo del restaurante
  28. No saber que había que controlar costos para ser más rentables
  29. No saber cuáles son los ratios adecuados para gestionar un restaurante eficiente
  30. No hacer fichas técnicas ni escandallos para costear las recetas
  31. No saber hacer escandallos ni fichas técnicas
  32. No comprender la importancia de un almacenamiento de alimentos
  33. No controlar el desperdicio de alimentos
  34. No preocuparse por la satisfacción laboral
  35. No darle importancia al marketing (lo que el cliente no ve, no existe)
  36. No saber por qué un cliente vuelve a un restaurante
  37. No entender cómo retener a un cliente
  38. No hacer campañas de fidelización que SI sirven
  39. No conocer las tendencias en fidelización y atención al cliente
  40. No incluir la calidad a las operaciones diarias del restaurante
  41. No intentar aplicar el coaching para dirigir equipos de trabajo
  42. No ser un líder (ser jefe, no es ser líder)
  43. No entender cómo motivar al personal
  44. No saber dar feedback
  45. Y un largo etcétera que se resume en: No darle ninguna importancia a la gestión de restaurantes
Sé que hay muchos errores más, pero creo que con estos, ya vamos más que (mal) servidos.

La solución que yo aporto, es la formación específica en gestión de restaurantes, porque personas sin experiencia, formación ni conocimientos previos, que no saben cómo llevar equipos, ni entienden cómo sacar toda la rentabilidad que podría tener el restaurante, no creo que por arte de magia, vayan a mejorar el caos diario que viven día a día.
 

La consultoría del restaurante. ¿Cuándo se hace necesaria?

Todo ha cambiado entre nosotros, excepto nuestra forma de pensar
Albert Einstein
 
La gestión gastronómica se ha vuelto vulnerable, ya no basta con ser un especialista en temas de servicios para que surjan contratiempos a los que no sepamos darle solución sin la ayuda de un experto. Los conocimientos de ayer no son suficientes para enfrentar los problemas de hoy, y es que florecen cada día cientos de miles de instalaciones gastronómicas en diferentes formatos y tamaños que, a veces, hacen imposible mantener actualizada una lista; pero que, conociéndolos o no, constituyen una amenaza a nuestros resultados económicos y financieros, porque lujosos, pequeños, grandes, ya dije, en cualquier formato, se convierten en competencia y hay que tomarlos en cuenta.

El propio hecho de estar expuestos a un mismo ambiente durante horas y horas no nos permite, en muchas ocasiones, darnos cuenta de aquellos problemas que comenzaron siendo insignificantes pero que con el paso del tiempo adquieren intensidad como huracanes, y para poder mitigarlos se requerirán de grandes recursos que tal vez no hubieran sido necesarios si los hubiésemos detectados a tiempo.
 
El propio concepto de eficiencia económica ya no sólo comprende aquellas variables tradicionales como el costo, los ingresos o consumos de clientes, sino que incluye otras que antiguamente sólo se consideraban como metodológicas y algunas que han ido surgiendo al calor del desarrollo social y tecnológico y que contribuyen a crear valor a la organización, convirtiéndose en fuente fundamental para que los primeros puedan trabajar al nivel deseado; así por ejemplo podemos hablar de calidad, procesos, sostenibilidad, sustentabilidad, gobernabilidad, medioambiente, entre otras, que permiten a las empresas obtener una visión más integral del negocio y, consecuentemente, establecer acciones que conduzcan a que ese concepto de eficiencia se adapte a la realidad del momento e impacten en su principal objetivo: el cliente.
 
Rara vez un consejo se acepta con gusto, y quienes más lo necesitan son los que menos quieren recibirlo
Philip Dormer
 
Hace unos años, mientras me formaba como administrador de negocios me llamó mucho la atención la heterogeneidad del grupo en el que me encontraba, creo que ninguno de mis compañeros sabía de gastronomía como yo tampoco sabía de aeronáutica ni metalurgia. Cada uno provenía de distintos sectores, eso nos hacía diferentes, pero al mismo tiempo, el propio hecho de estar recibiendo los mismos contenidos, aunque su aplicación posterior tuviera distintos destinos, nos hacía iguales.
 
Recuerdo que se nos asignaban tareas por grupos sobre temas específicos en el que debíamos abordar nuestras experiencias personales y ello nos obligaba ha aprender lo que quizás nunca fue de interés para nosotros o no creíamos útil para nuestro desempeño profesional, o tal vez era totalmente desconocido, sin embargo, estos encuentros de “tercer tipo” como acostumbré a llamarlos, son hoy una fuente importante de trabajo para mi, pues he podido adaptar y aplicar teorías e instrumentos de mucha utilidad para el sector y que de no haberlas intercambiado no hubiese conocido.
 
Expongo esta experiencia porque muchas veces los administradores discriminan conocimientos que están a su lado, por el sólo hecho de creer que no les son de utilidad o por no preguntar. Y es que en un restaurante convergen muchas profesiones que tributan a un mismo objetivo: higiene, cocina, logística, contabilidad, recursos humanos, etc. En cada una hay especialistas, personas con un dominio de lo que hacen, pero que no necesariamente tiene porque saber de lo que sabe el otro. Es como la construcción de un edificio, donde todos asumen roles diferente pero que luego se conjugan y permiten levantarlo. En la diversidad se puede encontrar la igualdad.
 
Con lo anterior solo quiero expresar una primera idea y que para mí es fundamental: antes de recurrir al exterior, mire primero al interior. Tal vez lo que usted necesita esté ahí, a solo unos metros. Y es que, para los que de alguna manera ofrecemos nuestros servicios para la solución de problemas, tenemos que ser honestos con nosotros mismos, pues aunque cualquier trabajo, sin importar su dimensión, nos tribute algún beneficio monetario, nuestra reputación y prestigio está por encima de todo bien económico y no es ético que sabiendo que dentro de la propia organización está la persona que puede resolverlo, asumamos ese rol.
 
Las dos caras de una moneda
 
Si bien es cierto que no siempre tenemos porque saberlo todo, cierto es que debemos ser totalmente receptivos y reconocer que no sabemos de algo; eso no nos demerita ni nos hace incapaces, al contrario, nos hace más concientes y comprometidos con los resultados que aspiramos a obtener en nuestra organización. El saber que carecemos de algo y que no sabemos cómo enfrentarlo es el punto de partida para que busquemos alternativas de solución dentro o fuera de la organización.
 
Lo anterior me obliga a que aborde el tema desde dos perspectivas: la primera como profesional del sector y académico y la segunda como Consultor. Es bastante complejo desdoblarse, es como actuar en una serie de televisión y hacer dos personajes a la vez, pero lo intentaré.
 
En el titulo del presente hay una pregunta: ¿Cuándo se hace necesaria la consultoría a un restaurante?, y dar respuesta a ello es mi objetivo.
 
Miles pueden ser las razones que lo motiven a contratar servicios de consultoría. Pero si bueno es contar con la evaluación de un agente externo, que tal vez consiga ver un poco más allá de lo que diariamente usted hace, puede llegar a crear una dependencia a ello. Hay que estar consciente de que la solución al problema que se presenta, o la idea de lo que se quiere implementar en el futuro, requiere más que los tradicionales trabajos de asesoramiento contable, fiscal, laboral o auditoría; por tanto, usted debe evaluar internamente cuál es su problema y buscar tantas variantes de solución como le sean posibles para, entonces, poder llegar a definir si es necesario contratar a un consultor o no, de lo contrario usted estará regalando su dinero por algo cuya solución está dentro de la organización.
 
Es común, y en otros artículos he llamado la atención sobre esto, que el gerente o dueño del negocio se concentre más en las actividades operacionales que en aquellas de índole organizativo, atribuyéndoles mayor valor a las primeras, dado a ese pensamiento obsoleto de que la garantía del éxito la define el servicio. Lo anterior hace que se produzca una gran dependencia de los subordinados a la dirección, limitando la ejecución de procesos sin el consentimiento o aprobación del directivo y como consecuencia se produce una robotización de las actividades que impactan en las respuestas oportunas a los momentos de verdad que se producen en el servicio.
 
La poca atención a áreas estratégicas como la comercialización, finanzas y operaciones (compras, aprovisionamientos, selección del personal, entre otras) producen una malformación congénita en el restaurante, que pueden prevenirse sin la ayuda de un consultor, siempre y cuando el directivo sepa interpretar adecuadamente cómo implementar los mecanismos para generar la información oportuna que le permita tomar decisiones en el momento indicado. 
 
Una experiencia que he podido vivenciar, y es algo que sugiero a los restauranteros, es la de evaluar dentro de la propia organización a aquellos empleados que, por su experiencia y dominio de la actividad que ejecutan, puedan convertirse en asesores (consultores internos o individuales) de la dirección. Esta práctica que no es muy frecuente tiene un doble impacto, primero porque el trabajador se siente reconocido y, segundo, porque ese propio reconocimiento lo compromete a trabajar por validar sus propias sugerencias.
 
Esto tampoco es algo que pueda hacerse así de simple, muchos expertos a los que he consultado al respecto son de la opinión de que no sólo es suficiente la experiencia práctica, la cual llega a dominar a la teoría, sino que, para que pueda ser mucho más efectiva, también demanda de una personalidad (de carácter) que debe ser monitoreada a través de la observación y de test psicométricos (existen muchos, pero uno muy antiguo pero efectivo es el 16PF). Estos asesores o consultores individuales son muy útiles cuando no es necesario un equipo de personal para poder identificar y proponer soluciones, cuando lo que se quiere implementar o medir no demanda del apoyo profesional externo y sobre todo cuando la experiencia y las calificaciones de esa persona son compatibles con los requisitos que se exigen.
 
Esbozando ideas y definiendo roles
 
Para sintetizar ideas, a continuación expongo algunas que me han sido de mucha utilidad y que llegan a definir cuándo contratar a un consultor externo. Pero antes definamos lo que es un consultor y las diferencias entre una auditoria y un consultoría, términos que frecuentemente son confundidos:
 
Auditoria: la palabra auditoria viene del latín AUDITORIUS, y de esta proviene auditor, que tiene la virtud de oír, y el diccionario lo considera Revisor de cuentas colegiado pero se asume que esa virtud de oír y revisar cuentas está encaminada a la evaluación de la economía, la eficiencia y la eficacia en el uso de los recursos, así como al control de los mismos. Se considera como una técnica de control, dirigida a valorar, el control interno y la observancia de los Principios Profesionales de Contabilidad Generalmente Aceptados. Comprende un examen independiente de los registros de contabilidad y otra evidencia relacionada con una entidad para apoyar la opinión experta imparcial sobre la confiabilidad de los estados financieros.  
 
Consultoría: la consultoría no sólo comprende los elementos que evalúa la auditoria, sino que traspasa las fronteras del control contable, asumiendo con su know-how cuestiones que van desde la estrategia del negocio hasta los recursos humanos pasando por el outsourcing, la gestión del cambio o la mejora del rendimiento operacional a partir de contar con los conocimientos específicos y prácticos del sector en el que desarrollan en el trabajo.
 
Mientras que el auditor busca comprobar el cumplimiento de las disposiciones legales referentes a la gestión administrativa y financiera mediante la comprobación de la legitimidad y veracidad de los documentos de carácter primario, determinando el grado de correspondencia entre la evidencia de lo ocurrido en realidad y los informes presentados, el consultor explora, diagnóstica, platea soluciones, interviene, evalúa, tutora y facilita con su experiencia y los resultados de sus investigaciones a que la empresa logre hacer realidad sus aspiraciones.
 
Beneficios de una consultoría
  1. El precio por el servicio de consultoría es inferior a lo que puede costarle a empresa desarrollar los conocimientos de forma independiente.
  2. El trabajo se desarrolla en conjunto. Cliente y consultor tienen un mismo fin y se aprovechan de ambas partes las habilidades esenciales.
  3. Se transfieren conocimientos
Barreras mentales
 
Son seis los aspectos que un gerente llega a evaluar  y que vienen a constituir barreras a la hora de contratar una consultoría:
  • Que no necesita ayuda.
  • Que es sólo es necesaria en situaciones extremas.
  • Que un agente externo no comprenderá la esencia de su negocio.ç
  • Que no siempre dispone del tiempo para dar respuesta a los cuestionamientos de los consultores.
  • Que es un servicio caro y
  • Que ese trabajo lo puede hacer cualquier directivo de la empresa
Lo anterior demuestra el escepticismo y el recelo con la que son vistas las empresas consultoras. La mayoría de las veces los éxitos que alcanzan grandes empresas no son ameritados a la gestión de una empresa de este tipo; sin embargo, cualquier fracaso es difundido inmediatamente.
 
El pasado cuenta, el presente se vive, el futuro se planifica. Razones para evaluar cuándo es necesaria una consultoría
 
La gestión tradicional de restaurantes ya es un mito, ya no basta con un buen menú y un servicio de excelencia si no se trazan estrategias para mantenerse competitivos, si no se actúa a la par de los cambios que vienen ocurriendo sociales, económica y tecnológicamente. Lamentablemente no siempre podemos percibirlos ni sabemos cómo enfrentarlos y esas estrategias que se han diseñado en un papel difieren mucho de lo que en realidad se pone en práctica. La realidad de hoy es que se están produciendo reducciones de personal motivados por la crisis que se vive en el mundo y esto obliga a que con menos recursos se sigan desarrollando las mismas tareas. Y es aquí donde comienza un gran conflicto, pues se fusionan roles y ellos demandan conocimientos.
 
Cuando el gerente no domina cuestiones tan sencillas como analizar e interpretar un estado financiero, o constantemente hay que explicarle el significado de las cosas, comienzo a preocuparme, porque no es la consultoría la solución ideal sino la capacitación o el reemplazo de este directivo.
 
En este sentido soy de la opinión personal que existen señales de alerta que nos guían hacia cuándo es necesario contratar a un consultor, yo las he definido en grupos de advertencias que primero me remiten a la solución interna y luego a la externa. De este modo llego a comprender cuándo la consultoría es necesaria o cuándo esos problemas son por falta de control.
 
Insisto que, aunque en el transcurso de este artículo lo he enfatizado, soy de la opinión de que usted no tiene porque saberlo todo, pero eso no es motivo para estar pensando constantemente en contratar los servicios de consultoría. No obstante, existen principios básicos que son imprescindibles y que define la capacidad de gestión de la organización y que si deben ser del dominio de la persona encarga de la instalación y que requieren que sean monitoreadas con frecuencia:
 
La primera de ellas está asociada a la contabilidad. La empresa debe contar un plan de contabilidad implementado, donde se definan cada una de las operaciones que deben ser y cómo deben ser registradas. Dentro de este grupo se encuentran las partidas de costos y gastos. Cuando se presentan incongruencias en los estados financieros, pueden ser resultados de la contabilización inexacta de las operaciones diarias, por tanto la primera señal de advertencia viene a estar condicionada a la existencia o actualización de ese plan contable y su correcta implementación. La solución inicial está dentro de la organización, si ella no es capaz de dar respuesta o solucionarla CONTRATE A UN CONSULTOR.
 
La segunda está asociada a las acciones de comercialización. Cuando se pierden clientes muchas pueden ser las razones. Usted debe evaluar a la competencia, buscar, idear nuevos métodos y procedimientos para atraerlos, revisar la existencia de un plan de comercialización o marketing para garantizar la supervivencia y crecimiento empresarial dentro del mercado. No obstante, la mayoría de los problemas no radican ahí sino en la proyección de venta que son realizadas de forma mecánica, apoyándose en resultados antiguos que no toman en consideración la realidad que se vive, por eso se generan grandes preocupaciones cuando son comparados los resultados reales con los planificados. Si usted no sabe proyectar ingresos. CONTRATE A UN CONSULTOR.
 
Y la tercera y última está asociada a las operaciones: Cuando el restaurante quiere adoptar un nuevo concepto o incorpora una nueva tecnología o software, entre otras y no se cuenta con el know how para hacerlo, no vacile: CONTRATE A UN CONSULTOR.
 
Sin embargo, estimado administrador, el acto de contratar a un consultor es una decisión seria para cualquier organización, reglas para definir cuándo hacerlo no existen, exponer ideas llega a ser subjetivo porque no todos los restaurantes operan en las mismas condiciones, pero si buscan los mismo objetivos, es por esa razón que mi sugerencia va destinada fundamentalmente a el análisis individual de los problemas y las respuestas que se pueden derivar de ellos en correspondencia con la capacidad y los recursos disponibles, pero de algo si estoy seguro es que cuando recurrimos a un consultor es porque se nos ha vendido la idea de que podremos obtener la información necesaria, la asesoría oportuna para poder conseguir nuestros objetivos.
 
Resumiendo puedo decirles que la mayoría de las empresas gastronómicas consideran que la consultoría es necesaria cuando:
  1. Se quieren elaborar y ejecutar apropiadas estrategias y planes de acción, por actividad y conjuntos para el supraproceso de servicio de alimentos y bebidas.
  2. Efectuar, conducir y controlar en su marco de acción ventajosas contrataciones, merchandising, ventas y benchmarking, lo que incluye el diseño e implementación de un plan de marketing y de comunicación.
  3. Monitorear el entorno y el recibimiento, servicio y salida de clientes, con enfoque sistémico, de manera que se impidan restricciones en el flujo del proceso.
  4. Elaborar, documentar costear y definir precios a originales, novedosas y atractivas ofertas y recetas de alimentos y bebidas.
  5. Evaluar cómo se cumple con todas las disposiciones existentes acerca de la gestión higiénica sanitaria, medioambiental y del turismo sostenible.
  6. Diseñar e implementar un sistema de control interno
  7. Diseñar, implementar y controlar el plan contable del restaurante
Mi consejo personal es que sea ambicioso y cuando quiera contratar a un consultor no lo haga por cosas pequeñas, piense en grande y aproveche todo el know how que se pone a su disposición, para que el efecto de esa consultoría tenga un impacto al corto y largo plazo.